Mi Grindr, tu lunar

Lunar y lista

Se imagina sujetándolo entre la yema del índice y del pulgar, como las camisetas del shopping, examinando la calidad de sus tejidos y la letra de su etiqueta. Sonríe y le escucha, pero en realidad no le escucha. Sus palabras pasan como pasan los extraños.  Sigue hablando y mientras habla, lo explora mentalmente, milímetro a milímetro.  Finge atención y se pregunta si ese gesto será un tic. Lo ha repetido dos veces. O si esa ‘s’ es demasiado líquida. Los primeros intercambios fueron correctos. La ortografía no les ha impedido llegar a este té que escribió con tilde.  Pero otros llegaron más lejos y las caídas fueron estrepitosas. Nadie supera la lista porque la lista es frágil como el hielo. Piensa que es hora de otra pregunta. Podría verle envejecer en esa silla haciéndole hablar de sí mismo.  Entonces aparece ese lunar diminuto que no estaba y que le mira como nos miran las puertas abiertas. No ha tenido tiempo. No lo ha decidido, pero su paso está ya en el aire, y justo antes de entrar, esa maldita ‘s’.

Mi Grindr, tu lunar

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