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barber

Entornando los ojos apenas veía su reflejo borroso en el espejo. El chico se movía a su alrededor, alejándose y acercándose, como una mosca.  Se preguntó si sus instrucciones habrían quedado claras, y se contuvo para no pedir sus gafas. Aquel corte de pelo le costaría no menos de cincuenta euros, pero le daba vergüenza parecer ansioso. El local olía dulce, y se escuchaba de fondo música electrónica suave. Nadie hablaba. Pensó si tendría batería, y palpó el iphone, preguntándose dónde se haría la foto. Le espantaba tener que recurrir a un selfie. Quizá se lo podría pedir al peluquero; claro que no, cómo se le había ocurrido. Fuese como fuese, debería subirla antes de las siete. Todos estarían aún en la oficina, y sería la manera más rápida de conseguir likes. Si todo iba bien llegaría a 150.

Podría ir a casa y esperar a Jaime, pero su novio era un horror con las fotos. Mejor se acercaría al bar de Natalia. La había visto esta mañana y le encantaba ese jersey grueso de punto. A ella no le importaría volver loco a alguno de sus camareros hasta conseguir que todo fuese perfecto. Con sus ojos azul cloro y su nariz afilada no era muy guapa, pero siempre conseguía salir mona. Dudó de si la camisa vaquera había sido la mejor elección, y no el jersey de Jock & Hawk.  Seguro que Álvaro vería la foto, aunque por nada del mundo le daría like. Le imaginó echándole de menos, y en seguida recordó que la gente como Álvaro nunca echa de menos a nadie. Ya no se escuchaba el sonido metálico de las tijeras. Había llegado el momento de pedir sus gafas.

Estaba seguro de que los del gimnasio serían los primeros en verla, aburridos en la cafetería.  Se esforzó por quitarse aquello de la cabeza. Tenía mejores cosas en que pensar. Puso el móvil en silencio, lo dejó en el abrigo, y pidió uno de esos tés sin teína. Cuando Natalia se levantó a la barra no pudo contenerse. Si las cosas iban bien, tendría  cuarenta likes. Abrió rápido el bolsillo y lo miró. Aquello no arrancaba. Se alarmó al pensar que Álvaro ya habría visto la foto. Se tenía que inventar una excusa, necesitaba saber qué estaba fallando.

Aquel baño era demasiado oscuro. Debería haberse mirado con calma en la peluquería y no haber tenido tanta prisa por mostrarse encantado. Desde luego, el corte de los lados era excesivo, aunque a Natalia le había gustado. A ella siempre le encantaba todo lo que hacía, pero estaba vez había sonado sincera. Definitivamente, si las cosas seguían así, habría tirado cincuenta euros. Pensó en borrarla y en volver a subirla el domingo por la noche. Todas las fotos funcionan cuando la gente regresa de fin de semana y se tumba en el sofá sin más plan que ver qué ha hecho el resto del mundo.

Al acabar el té se despidió. Los demás habían quedado en La Maravilla. Jaime habría salido con sus amigos y no habría nadie en casa, pero le apetecía irse. A la altura de Ambar se detuvo. Allí seguía la Patty Pie que le había querido regalar a Álvaro. Todavía le parecía la lámpara más elegante del mundo. Entre todos aquellos muebles caros vio su reflejo, pensó que quizá no fuese el mejor corte de su vida, pero no estaba mal. Borró la foto. Mañana se pondría el jersey de Jock & Hawk, volvería a su peluquería de siempre y arreglaría aquello.

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