A los amigos de Montederramo,

Montederramo

Hace días se publicó  El pueblo que quería bailar, describiendo el declive de Montederramo y la impotencia a la hora de frenarlo. Más de dos mil personas lo leyeron. El texto se compartió entre familias que viven en toda España, pero también en Francia, Suiza, México, Argentina, Alemania, y una larga lista de países donde emigraron vecinos. Esa cifra nos habla de una comunidad de personas diseminadas por el mundo que se sienten emocionalmente unidas a Montederramo y también preocupadas por su futuro, una red de afectos que engloba generaciones separadas por la edad, por la distancia, pero que tienen algo en común. Para la mayoría, este pueblo representa el territorio de nuestra infancia, el lugar donde crecieron nuestros padres y una parte esencial de nuestra biografía.  A todos nos entristece su situación, pero más aún la sensación de no poder evitarlo, pero ¿y si pudiésemos hacer algo?

Quienes no vivimos en Montederramo sentimos respeto a la hora de opinar sobre un pueblo al que apreciamos, pero del que no somos vecinos. Es a ellos a quienes les corresponde gestionar su día a día como mejor consideren. Sin embargo, tenemos el deseo de querer devolverle una parte de lo que nos ha dado.  ¿Cómo? Habrá muchas maneras, pero el primer paso es siempre el mismo: uniéndonos.

Agruparnos en una Asociación de Amigos de Montederramo podría ser un principio. Dispondríamos de un espacio organizado, integrador, constructivo, desde el que proponer e impulsar ideas y proyectos, canalizar esfuerzos, recursos; un colectivo, al margen de partidos políticos, abierto a todos los que se sientan que este pueblo forma parte de su vida, de su historia; en definitiva, una manera para expresar esa amistad, arrimar el hombro con los vecinos y trabajar juntos. Habrá quien se pueda implicar activamente, otros sólo podrán unirse de manera simbólica. Cada uno, en su medida, pero juntos.

Ninguno esperamos milagros: la asociación no conseguirá que vuelvan a nacer niños, pero será una herramienta útil para dar pasos. Entre los amigos de Montederramo es fácil encontrar gente con experiencia, talento, imaginación, gente divertida y positiva que puede aportar y, sobre todo, gente con ganas. ¡Venimos de un pueblo que levantó un monasterio! Esto será más fácil. De la teoría a la práctica nos separa una respuesta. ¿Podemos contar contigo? Sólo es una idea, pero si a ti también te parece buena, estamos cerca de ponerla en marcha.

¡Continuará!

 

A los amigos de Montederramo,

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