
Suenas a ajedrez, a zapatos viejos.
Aletea un beso a la luz de un taxi.
El deseo duerme entre los espejos
y devuelve un brillo que nos desfigura.
Bailan las monedas al ritmo del mármol
y un reloj se lanza desde las alturas.
Mi mirada urgente escarba tu campo
y con manos sucias, sacude la tierra,
buscando palabras que alarguen la noche
y den con el verbo, el tiempo y el modo
de olvidar el miedo, de apostarlo todo.